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Viernes, 05 Febrero 2016 13:11

Educación: el nuevo colegio secundario que arranca en Funes ofrece una propuesta innovadora



El próximo 7 de marzo, un nuevo colegio secundario abrirá sus puertas en la ciudad. Como informó oportunamente La Verdad Funense, el colegio Raúl Arino funcionará en un predio de seis hectáreas ubicado en el predio de los Salesianos. La propuesta de esta escuela, extensión de la experiencia educativa del Instituto Universitario del Gran Rosario, es realmente innovadora. Tanto que en el país hay sólo dos colegios similares, y para encontrar más información hay que remontarse a las experiencias de los Jesuitas en Cataluña. En diálogo con La Verdad Funense, el director del nuevo establecimiento, Flavio Pricco, explicó la idea que pretenden llevar a la práctica.
—¿Cuál es la diferencia entre el sistema tradicional de educación y el que ustedes plantean para esta experiencia en Funes?
—En la enseñanza tradicional, viene el profesor, aporta el conocimiento, aporta las preguntas, las respuestas y luego evalúa. Acá lo que se hace es dejarle la pregunta para que el chico averigüe, consiga la información, y la idea es que al final arme una producción, un escrito. ¿Cómo hace el chico para conseguir la información? Para eso tiene que recurrir permanentemente al docente. La idea es que llegue a construir el conocimiento a partir de una pregunta. Desde hace muchos años las sociedades buscan que sus integrantes más jóvenes aprendan, incorporen conocimiento. Una forma interesante, nueva, que se está aplicando en colegios jesuitas de Cataluña es ésta: aprendizaje por proyecto. La idea es que se tira el interrogante, el chico empieza a trabajar y la producción final, que tiene un período, se presenta con el seguimiento del docente.
—¿Se puede dar un ejemplo?
—El primer proyecto será sobre la cuenca del Ludueña. En ese proyecto, el chico va a interactuar con las profesoras de Biología, de Geografía, tal vez el profesor de Historia, para analizar el tema de inundaciones, tal vez el profesor de Formación Ética, y seguramente al profesor de Matemática, para algún cálculo de superficie o de volumen. Mientras se desarrolla el proyecto, interactúan los distintos docentes. Es como una especie de tren que va circulando muy lentamente, donde van subiendo y bajando pasajeros, que somos los docentes, que no estamos todo el tiempo arriba del tren. En el caso de la cuenca del Ludueña estará permanentemente la profesora de Geografía, pero la de Matemática entra y sale.
—¿Eso cómo se maneja en relación a las cargas horarias de cada materia?
—La idea a futuro es tener al docente la mayor cantidad de tiempo disponible en la escuela. Mientras tanto, el profesor va a estar un tiempo extra fuera de la hora de clase, y además habrá un tutor.
—¿El tutor es una especie de preceptor?
—Es una especie de preceptor pero al mismo tiempo es la persona que hace el seguimiento con los alumnos, y es el nexo con los docentes, junto con el director. El sistema funciona con cursos reducidos. Cuando supera los 20 alumnos se complica. Cada profesor tiene su carga horaria. Y nosotros agregamos una hora extra de Lengua y Literatura, por encima de lo pautado por la provincia. Y la idea es usar esa hora para hacer comprensión de texto. Que además lo van a necesitar no sólo para llegar a la Facultad sino también para elaborar los conocimientos que van a ir utilizando a lo largo del proyecto. Cada proyecto dura unas tres semanas.
—El planteo es que los chicos busquen información. ¿Con qué infraestructura contarán en el Colegio para hacerlo?
—Habrá una biblioteca, que va a tener otro nombre a futuro, una especie de SUM (Salón de Usos Múltiples) con acceso a distintos medios de información, más allá del tradicional libro. Porque hay una cuestión: si retrocedemos 100 años, el chico accedía a la información con un apunte que le daba el profesor o en algún libro. Hoy en día la información la sacan de cualquier lado. Ahora cuán buena es esa información, cuán significativa o científica es, ahí interviene el docente. Otra cosa que van a tener que utilizar es el método científico, con la idea de plantear la hipótesis, buscar algún tipo de información, de indicador que me permita resolver el procedimiento, y después elaborar conclusiones. ¿Pero de donde sacamos la información? No da lo mismo el sitio machete.com que un artículo de una Universidad nacional o extranjera. No va a ser fácil. La idea es que los chicos trabajen mucho en el Colegio y no tanto en la casa.
—¿En la Argentina hay antecedentes de este tipo de formación?
—Hay una actividad parecida en un colegio que depende de la Universidad del Litoral y en la localidad de Capitán Sarmiento, en Buenos Aires. Son experiencias recientes. Si los papás quieren entender un poco más de qué se trata, pueden recurrir a la web y buscar "colegios jesuitas, aprendizaje por proyecto, España", y encontrarán notas en el diario El País, por ejemplo, que es una de las primeras en aparecer.
—Para este estilo de enseñanza, ¿hubo una búsqueda especial de docentes que se adaptaran a esta modalidad?
—Sí, son docentes con muchos años de experiencia. Algunos vienen del Politécnico, otros no. Y se hicieron durante el año una serie de reuniones. Todos tienen conocimiento del sistema, pero todavía no lo habían aplicado.
—¿Qué le dirías a un chico que esté decidiendo por estas horas su ingreso a la escuela secundaria?
—Que esta propuesta es novedosa, que va a estudiar de una manera distinta a la de los chicos de su misma generación, que va a trabajar en un ambiente un poco más libre, lo que no significa que va a hacer lo que quiera, pero se va a mover más libremente dentro de la Institución, yendo de salón en salón, buscando a los docentes. No va a tener que estar permanentemente en el salón recibiendo información. Va a tener que generar información. El desafío es que no le damos la información, sino la pregunta. Si estás en condiciones de acepar el desafío, vení.
—¿Y si le pudieras hablar a los padres?
—Al papá le diría que el aprendizaje por proyecto no está basado en que tu hijo venga, se divierta y no haga nada. La intención es que tu hijo venga y construya conocimiento de una manera distinta a la habitual. Tendrá que construirlo él con el seguimiento del docente y el tutor. Está en nosotros que ese seguimiento sea significativo y al final se tenga una producción final. Si no lográs esa producción por escrito, no habrá desarrollo exitoso del modelo. Ahora, la intención no es que el chico aprenda menos. La intención es que aprenda más, que construya conocimientos en función de sus capacidades y su inventiva. Nosotros nos comprometemos a hacer el seguimiento permanente para que la construcción sea significativa.
—¿Cómo funciona la evaluación en este sistema?
—Los chicos van a tener tres trimestres con la nota correspondiente en cada materia. Las notas se van a evaluar más de una vez con más de un profesor, en proyectos donde van a participar más de un docente.
—¿Los padres que van a ver en sus hijos con el paso del tiempo?
—La parte principal, que es el aprendizaje por proyecto, la producción es el resultado del proceso. Tenés que ver el producto final. La intención es que los chicos se junten y lo presenten. No lo vamos a hacer permanentemente, pero al menos dos veces al año tenemos que mostrarles a los papás lo que hicieron los chicos. También hay momentos en que los problemas se resuelven en clase. La idea es la misma que en el final del cursado de una materia en un nivel superior, donde vos desarrollás un trabajo y muchas veces hay que exponerlo.
—¿Cuál es la especialización que tendrá la escuela?
—La provincia establece un sistema secundario, con dos años de básico y tres de especialidad, los tres años de especialidad, la escuela eligió las opciones de bachillerato en ciencias naturales y bachillerato en educación física.


 

Informes e inscripción

Como en todos los colegios secundarios de la provincia, el Colegio Raúl Arino iniciará las clases el próximo 7 de marzo. Previamente, las autoridades brindarán dos charlas informativas, los miércoles 10 y 24 de febrero, a las 19. Los costos de la matrícula y la posibilidad de becas deben consultarse en la sede del Colegio, por calle Yrigoyen, 300 metros hacia el sur de Avenida Illia. Allí, por la mañana y por la tarde se reciben inscripciones para primero y segundo año.
"Inicialmente, el horario será de 8 a 14, puede ser unos minutos más o menos, dos días van a salir una hora más tarde, cuando tengan Educación Física. Y después pueden hacer actividades extracurriculares hasta las cinco de la tarde. Dependerá de las ideas y las intenciones de los chicos. Nosotros tenemos pensando trabajar en actividades de arte, deportivas y relativas a idiomas. Vamos a ver qué surge de ahí. Como van a tener inglés y portugués en la currícula, podría surgir un tercer idioma. En ese espacio extracurricular pueden venir chicos ajenos a la escuela", explicó Pricco, quien lleva 30 años como docente del Instituto Politécnico General San Martín de Rosario.


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